Restaurantes famosos del mundo Archive

Restaurante Casa Lucio


Han pasado ya muchos años desde que aquel chavalín abu-lense aterrizó en Madrid de la mano de su padre. Fue él quien le colocó a trabajar en lo que hoy es Casa Lucio, un local que entonces se llamaba Mesón Segoviano y al que todos los días acudían a comer muchos madrileños.
“No había cumplido los trece años y ya me ganaba la vida limpiando los suelos, fregando aquellos grandes perolos, encendiendo los braseros cada mañana… y hasta matando ratones, que entonces había muchos”.
Hoy, con 67 años, Lucio sigue trabajando en aquel mismo lugar. Pero las tornas han cambiado tanto que la casa lleva su nombre y es conocida en el mundo entero. Eso sí, se siente orgulloso de seguir al pie del cañón y trabajando tan duro como en esos primeros años. “Siempre de cara al público, como un camarera más”
“Aunque sea el jefe, siempre llevo la chaquetilla de camarero puesta, como si fuera uno más. Y es que trabajo como ellos, pongo las mesas, retiro los platos, subo a la cocina, atiendo la barra… lo que haga falta, siempre como un compañero más. Y siempre hay que estar de cara al cliente, saludando hasta que se va el último, preguntando qué tal han comido, despidiéndome de todos en la puerta. Siempre con el público que viene a mi casa y que es quien me ha dado todo. Y así estaré hasta que el cuerpo me aguante”.
A juzgar por su jovialidad, el cuerpo le aguantará muchos años, porque Lucio ama su trabajo y confiesa sentirse feliz con lo que hace.

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Restaurantes famosos del mundo


Los periódicos de principios de siglo contaban que en La Bola se servían tres tipos de cocidos, dependiendo del nivel adquisitivo del cliente: a las doce del mediodía el más sencillo, de 1,15 pesetas y destinado a obreros y empleados; a la una otro algo más suculento gracias a la gallina que  se  le  añadía -costaba 1,25 pesetas y era el preferido de los estudiantes; y a el próximo Palacio de Oriente para recoger un puchero de cocido para la infanta Isabel, La Chata, y su hermano, Alfonso XII. Parece que ambos preferían el suculento cocido de La Bola a las delicadas ollas de palacio.

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Restaurante la bola


Hace más de dos siglos donde hoy se ubica el famoso restaurante La Bola existía una carbonería, negra como la boca del lobo y de una actividad incesante, de donde salían sacas y sacas de carbón para las casas del centro de Madrid. Pero cuentan las crónicas de la Villa y Corte que en 1802 aquel local se convirtió en una botillería a la que acudían humildes obreros y estudiantes, para degustar su vino y sus excelentes tapas de garbanzos.
Y tan ricas debían resultar aquellas tapas que en 1870, cuando la botillería se convirtió en una taberna, los garbanzos siguieron siendo la estrella del local. Fue en aquel año cuando Cándida Santos, una asturiana de armas tomar apodada La Rayúa, se hizo con las riendas del lugar y lo llamó La Bola, nombre que aún conserva.

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